¿Qué significa actuar “marginalmente” o pensar en términos
de “marginalidad”? Los economistas utilizan a menudo la expresión. El Círculo
de Mises en la Viena de entreguerras incluso tenía canciones con estribillos
que incluían las palabras “utilidad marginal”.
Desde el primer día de mis cursos sobre principios, enseño a
mis alumnos que la gente toma decisiones “marginalmente”. Por supuesto, esta
declaración se recibe inicialmente con miradas de aburrimiento resignado o
desesperación. Trato de aclararlo diciendo que si miramos una hoja de papel, el
margen es simplemente el borde, no toda la hoja. Esta explicación tampoco hace
mucho bien. El hecho es que los economistas están tan acostumbrados al
pensamiento marginal que les resulta duro explicarlo a quien no ha escuchado
antes hablar de él. Así que lo que hago es pasar rápidamente a algunos
ejemplos.
La paradoja del agua y los diamantes
La aplicación más famosa del marginalismo es la solución de
la llamada paradoja del agua y los diamantes, que parece haber hecho callar a
Adam Smith en su La riqueza de las naciones.El problema es este: ¿Por qué
tienen los diamantes un valor de intercambio más alto que el agua, cuando lo
diamantes son mera cursilería, mientras que el agua es esencial para la vida?
¿No debería la gente estar dispuesta a ofrecer más a cambio de una unidad de
agua que de una unidad de diamantes?
Por supuesto, la respuesta es que ningún individuo está
nunca en una situación de tener que elegir entre todos los diamantes en el
mundo y toda el agua en el mundo. Una decisión concreta se toma marginalmente.
Si se le ofrece elegir entre una copa de agua y un puñado de diamantes, la
mayoría de la gente escogería estos últimos, porque la utilidad marginal de
esos diamantes concretos es mayor que la utilidad marginal de esa copa de agua
concreta.
Algunos economistas describirían esta situación diciendo que
los diamantes son más escasos que el agua, porque la demanda de diamantes en
relación con su oferta es mucho mayor. Sí, el agua es más importante para el bienestar
humano que los diamantes, pero hay tanta agua alrededor que incluso si
desaparecieran 10 billones de litros no preocuparía a nadie. Por el contrario,
si se desvanecieran unas pocas libras de diamantes, alguna gente estaría muy
molesta.
Profesores frente a deportistas
La confusión clásica sobre uso y valor de intercambio
resurge en tiempos modernos siempre que alguien lamenta: “¡Los maestros solo
ganan una fracción de lo que ganan los deportistas profesionales! ¿A este país
no le importa la educación más que los deportes?”
Repito que esas declaraciones no tienen en cuenta el hecho
de que las decisiones se toman marginalmente. El hecho de que un maestro gane
25.000$ mientras que un jugador de béisbol gana 250.000$ no implica que nadie
piense que el béisbol es más importante que la educación (¡aunque alguno pueda
creer eso!) Lo que significa es que el primer empresario cree que los servicios
de ese maestro concreto valen (como mínimo) 25.000$, mientras que el segundo
empresario cree que los servicios de ese jugador concreto de béisbol valen
(como mínimo) 250.000$.
Igual que con el agua y los diamantes, se trata de escasez
relativa. La aptitud y habilidades necesarias para ser maestro son mucho más
abundantes (en relación con las necesidades que tienen otros de servicios de
enseñanza) que la aptitud y habilidades necesarias para convertirse en
deportista profesional (en relación con la cantidad de deportes profesionales
que los consumidores quieren ver). Si cincuenta maestros de instituto de EEUU
elegidos al azar se despidieran repentinamente, el impacto en la educación
sería inadvertido: podrían encontrarse sustitutos casi inmediatamente y en poco
tiempo nadie advertiría el cambio. Pero si se despidieran repentinamente
cincuenta jugadores de la NBA, a la liga le llevaría años recuperarse
completamente de la pérdida.
Antes de abandonar el tema de la paga del maestro frente al
deportista, dejadme que apunte una sutil contradicción de los críticos del
capitalismo: La misma gente que nos recuerda una y otra vez que la renta de una
persona no mide su valor intrínseco, son los que más se quejan sobre estas
“prioridades” del país en lo que se refiere a los salarios. Pero si ya estamos
de acuerdo en que el salario de una persona no tiene relación con el valor moral
o la importancia social, ¿por qué el maestro (o la enfermera, el bombero, etc.)
tiene derecho a más dinero que el deportista profesional?
Costo hundido
Una extensión lógica del pensamiento marginalista es la
noción de costo hundido. Aquí el principio se resume normalmente en la
expresión, “Lo pasado, pasado está”. Por alguna razón, la gente tiene una
tendencia a tomar decisiones actuales inferiores por un intento equivocado de
mitigar errores previos en la previsión.
Un ejemplo típico sería un hombre que va a un restaurante
elegante y que, en un alarde de atrevimiento, pide un plato de 100$ a pesar de
que el camarero le advierte de que es bastante picante. Tras probar el plato,
el hombre se da cuenta de que es demasiado fuerte apara su paladar. De hecho,
lo encuentra tan intolerable que normalmente lo dejaría. Pero como el hombre
tendrá que pagar 100$ por él (suponemos que no puede devolverlo), se obliga a
tomarlo para “no tirar su dinero”.
Aquí el error es que nuestro hombre está olvidando que
los 100$ están hundidos, Se coma el plato o no, tendrá que pagar al restaurante
100$ cuando se vaya. Su decisión anterior (pedir el plato) le obligó a esto y
fue esa decisión la que de verdad le costó 100$. Ahora, con la comida picante
frente a él, el hombre afronta una decisión consiguiente: ¿comer el plato o no?
Si, por estipulación, el hombre preferiría quedarse con hambre a obligarse a
comerla si fuera gratuita, entonces debería hacer aquí lo mismo, pues la
decisión de comer o no el plato no conlleva consideraciones financieras. (Es
decir, nadie espera aleteando a entregar al hombre un billete de 100$ por
limpiar su plato).
Un ejemplo similar sería el de alguien que gasta 1.000$ en
ser miembro de un gimnasio y luego se obliga a ir todos los días, aunque no lo
haría si la inscripción le hubiera costado solo 100$. Repito, estos 1.000$ ya
se han gastado: el hombre debe decidir, cada día, si ir ese día o no. Cada
decisión es marginal: el hombre no puede deshacer sus acciones anteriores. Ya
no está en disposición de apuntarse o no al gimnasio.
Acabaré con un ejemplo final tomado de una experiencia real.
Conozco a alguien que gastó mucho en renovar una casa, que resultaba tener un
árbol viejo y podrido a su lado. Cuando
el vecino de la puerta de al lado le preguntó acerca de poner unos pocos
cientos de dólares para eliminar el árbol (para que no cayera en ninguna casa),
el propietario respondió aparentemente: “No, ya he puesto demasiado dinero en
esta propiedad”.
Igual que en la justificación de la comida, esta explicación
tampoco tiene sentido, porque no trata lo pasado como pasado. El dinero ya se
ha gastado renovando la casa. Ahora, se trata de esto: ¿Gastar unos pocos
cientos de dólares merece la reducción del riesgo de daño a la casa? Quizá sí y
quizá no, no digo que el propietario tomara la decisión errónea. Pero la
afirmación de que esta decisión debería estar influida por cuánto “dinero total” se haya inyectado
en el proyecto, aunque comprensible, se bien abajo en cuanto se analiza.
Conclusión
Uno de los principios básicos de la economía es que la gente
toma decisiones marginalmente. Fundamentalmente, esta es una declaración
positiva: La gente en realidad solo toma decisiones entre unidades marginales;
nadie elige nunca entre “agua” y “diamantes”. Sin embargo, el principio
marginal (y la doctrina relacionada de los costos hundidos) puede también ser
prescriptiva cuando la gente toma decisiones basada en cadenas defectuosas de
razonamiento.
Robert P. Murphy